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De lo virtual a lo real: estado civil en Facebook

Por Ezequiel Apesteguia, el 3 de Diciembre de 2008 -

Hará cosa de dos semanas hice un experimento bastante estúpido en Facebook. Sí, esas cosas que uno hace cuando está aburrido y no tiene nada mejor que hacer. Cambié mi estado civil de «soltero» —que es mi situación real— a «comprometido» en mi perfil. La idea era sencilla: quería que en mi información personal apareciera la leyenda «comprometido con despeinados.com».

comprometido facebook

Hasta acá nada raro, excepto, claro, mi evidente embole. Hice los arreglos necesarios, esperé un tiempo prudencial y al ver que mi perfil no se actualizaba —y reflexionar sobre la estupidez que estaba haciendo— decidí volver atrás con los pasos. Cambié de nuevo mi estado a «soltero» y como sé que Facebook es más botón que Luis Ventura esperé con paciencia a que apareciera en mi muro el típico mensaje de “Ezequiel ahora está soltero” y lo borré. Me olvidé del asunto y me fui a dormir.

Al otro día recibí mensajes de texto dándome aliento, mails preguntándome si estaba bien, llamados telefónicos para saber qué había pasado y cómo estaba y mensajes en Facebook diciéndome: “no sabía que estabas de novio, espero que puedas superar la situación. Recordá que siempre que llovió, paró”, y cosas por el estilo. Hasta me llegaron propuestas de encuentros y citas a ciegas. Lo peor fue explicarle a todos lo que había pasado.

El asunto es que suelo mantener una actividad constante en la famosa red social, mostrando mi lifestream, comentando, recomendando enlaces, sumando gente, conversando; y nunca algo de lo que hice tuvo tanto impacto como esta pequeña modificación, que tuvo repercusiones dentro y fuera del mundo virtual.

Hace poco reflexionábamos acerca de la noción de privacidad y sobre las consecuencias de nuestras prácticas digitales en el mundo real. Ahora, con esta experiencia insignificante y dos noticias un tanto escalofriantes, el asunto va un poco más allá.

Una es la noticia de la mujer saudí asesinada por chatear en la red social y la otra el asesinato de una mujer por cambiar su estado civil en Facebook:

Wayne Forrester, de 34 años de edad, ha sido sentenciado a cadena perpetua por el asesinato de su esposa Emma. Forrester ha declarado que la razón del crimen fue que su esposa había cambiado el status en su perfil de Facebook de “tengo pareja” a “soltera”.

Alejándonos de la muerte y la locura de las historias anteriores, también hay otros ejemplos válidos para observar cómo nuestras prácticas virtuales influyen cada día con más fuerza en la vida real. Uno son los típicos avisos de cumpleaños, en donde Facebook nos hace quedar de puta madre aunque seamos desmemoriados o indiferentes. Otro, como lo cuenta el sensei Hernán Casciari en la revista Playboy de octubre, son las máximas de la seducción simplificada:

Imaginate que todas las minas que están pasando ahora por la vereda tuvieran un cartel en el culo que dijera “estoy en una relación complicada”, o “soy soltera”, o “hace dos días que estoy deprimida”. Imaginate tener esa data de primera mano. ¿Cuánto hubiéramos simplificado el enfoque de la seducción, hace diez, veinte años, de haber tenido esos guiños de las conocidas de la facultad, de las compañeras de trabajo, de las ex novias?

«Caradelibro» —como le dice un compañero de laburo a Facebook— tiene esas pequeñas cosas que nos ayudan a conocernos más como personas. Muestra lo bueno, lo malo, lo íntimo. Y claro, también lo estúpido que todos llevamos dentro. Menos mal que no llevo un cartel en el culo que dice «Peligro: boludón caminando».

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De lo virtual a lo real: condenas por usar Facebook y nuevas nociones de privacidad

Por Ezequiel Apesteguia, el 28 de Julio de 2008 -

FacebookA pesar de todas las advertencias y de mis opiniones encontradas sobre el tema, últimamente paso bastante tiempo experimentando con Facebook. Comencé a usar la red social por trabajo y ahora la utilizo más por curiosidad y por el hecho de poder hacer nuevos contactos que por todas las demás opciones que posee —léase jueguitos, regalos, aplicaciones y otras yerbas por el estilo—.

Cada día me sorprendo más con las consecuencias de nuestras prácticas digitales en el mundo real y los diferentes grados de representación que la red nos ofrece. Hace unos días me encontré con este titular: Condenado por crear un falso perfil en Facebook. Resulta que la justicia británica condenó a un hombre a pagar 17.000 libras esterlinas (unos 102.000 pesos argentinos, más o menos) por crear el perfil falso de un amigo en el que aseguraba que era homosexual. La condena se dividió en dos partes, 15.000 libras por difamación y 2000 por violación de la vida privada, ya que todos los datos personales del perfil eran verdaderos.

No es la primera vez que un tribunal condena a alguien por el uso de la famosa red social. En febrero de este año el marroquí Fuad Mortada fue condenado a 3 años de prisión por crear un perfil del hermano del rey Mohamed VI. Tuvo suerte porque un mes después el rey lo indultó. Un caso más reciente es el del soldado israelí que pasó 19 días en la cárcel por subir información confidencial, como fotos de su base y armamento, a su perfil.

Me interesa detenerme en esta interacción entre «lo virtual» y «lo real», el punto en el que surgen nuevas transformaciones sobre la forma en la que entendemos e interpretamos la realidad. Un ejemplo de esto son «las nuevas nociones de privacidad» que la cultura digital está configurando; tal y como lo aclara María Belén Albornoz en su artículo en la revista Nómada:

Mientras fuera de la red somos cada vez más celosos de nuestra privacidad y reclamamos nuestros derechos ante las nuevas políticas globales de prevención del terrorismo, en los mundos virtuales vamos perdiendo la capacidad de distinguir entre lo público y lo privado que tanto valoramos fuera de ellos.

Una hipótesis que me parece muy acertada y que María explica mejor con este ejemplo:

Cualquier usuario de Hi5 jamás entregaría a extraños en la calle fotos de su familia o fotos personales, por ejemplo. Pero en línea, lo hace constantemente sin mantener relación con sus conductas fuera de Internet.

Quizás deberíamos dejar de pensar, casi con ingenuidad, que existe una división entre ambos mundos. Debemos ser conscientes de que nuestras prácticas virtuales se reflejan cada día con mayor fuerza en el plano real. Nuestro «yo digital» se convierte en una representación más fiel, elaborada y detallada de nuestro «yo real». Hay que tener cuidado, en una de esas también nos condenan por hacernos los graciosos.

  • Otras cosas que cambian: El ciberplagio nuestro de cada día
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  • Artículo: Cibercultura y las nuevas nociones de privacidad. María Belén Albornoz. Revista Nómadas 28. Bogotá, Colombia. Abril de 2008
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