Postales despeinadas (XXIV)

Valle de Huaco, San Juan

Otra hermosa fotografía de San Juan, regalo de los hermanos fantásticos Ailen y Mariano Ariza (autor de la foto). El lugar es el Valle de Huaco, un valle longitudinal comprendido entre las sierras Negra y de la Batea por el oeste y la sierra Morada por el este.

Huaco —palabra indígena que significa “hondonada de piedra” o “vasija”— es un distrito del departamento de Jáchal, que abarca las regiones de La Ciénaga, Punta del Agua y Monte Grande, en el noreste sanjuanino. Además de su majestuosidad, también es un «valle de poetas», cuna de Eusebio de Jesús Dojorti Rocco, más conocido como don Buenaventura Luna: “soy de un valle perdido entre la piedra y la arena”, solía decir don Buena.

Valle de gracia y calma / donde el tiempo cautivado / se detuvo contemplando / el no sé qué de tu vida / Valle que esconden cerros / y te arrullan con su río / haciendo de tu hermosura / un poema de Virgilio / Valle que te haces nido / del amor de Pacha Mama

- fragmento de El Valle de Huaco, de Alejandro Marti

EzeVida Cotidiana
1 de Marzo de 2008 Compartilo dejá tu comentario

“De un valle a otro”, contando un viaje (I)

“Mi gloria es vivir tan libre
como el pájaro del cielo
no hago nido en este suelo
ande hay tanto que sufrir
y naides me ha de seguir
cuando yo remuento el vuelo”.

José Hernández,
Martín Fierro.

El viajar es algo a lo que no todo el mundo se anima. Supongo que es algo en la sangre que nos lleva a quedarnos en un lugar o bien, movernos a través de las fronteras. La historia de mi familia ha sido marcada desde un comienzo por la migración y la búsqueda de nuevos paisajes. Mi abuelo Lucas, nacido en El Esparragal, España, se embarcó a sus trece años de edad en un viaje que cambiaría su vida. Movido por la situación de su país, viajó durante veinticuatro días con sus noches hasta el puerto de la ciudad de Buenos Aires.

Mi abuelo Francisco, nacido en Colonia Margarita, provincia de Santa Fe, tomó el tren a la Capital Federal una mañana de sus dieciocho años. Supongo que fue su sangre la que lo movió a conocer algo más que el campo en el que había nacido, un nuevo horizonte, una nueva aventura. Llegó a la gran ciudad con un pequeño bolso, un papel con una dirección a donde ir y, seguramente, algunos salamines y pan con chicharrón para llevarse con él algo de ese sabor del campo. Durmiendo clandestinamente en una pensión y demostrando sus habilidades jugando a las bochas con los adinerados comenzó su viaje, que sin saberlo, lo llevaría muy lejos.

Unos cuantos años más tarde mis padres, nacidos en la Capital Federal, decidieron ir en busca de un nuevo paisaje, su propia aventura, en el entonces desolado suelo del Alto Valle neuquino. Este paisaje árido, con sus bardas, sus infértiles médanos y constantes vientos supo calar en cada uno de ellos y en la sangre que también corre por mis venas, la nostalgia de lo que queda atrás y la intriga de lo que está por llegar.

Aquella noche de octubre, ventosa seguramente, como todas las noches primaverales de Neuquén, sentí el aroma del polvo que se cuela por debajo de las puertas por primera vez. Los ojos de mi padre, repletos de pequeñas lágrimas, no sólo por mi llegada, más por esa primavera que como todas las primaveras del valle lo invaden de alergia, estornudos y pañuelos, supieron hallar en mí un dejo de ese espíritu viajero, esa pulsión, que no ha parado de viajar en la sangre de mi familia a través de las generaciones.

Ésta es la primera de las entregas -a modo de presentación- de nuestro amigo Peluca, aventurero argentino en El Jebel, Colorado. Nos va acompañar con sus observaciones desde gringolandia mientras dure su estadía en aquellas tierras. ¡Salud y bienvenido, Pelu!

PelucaVida Cotidiana
28 de Febrero de 2008 Compartilo 3 comentarios

Postales despeinadas (XXIII)

Matagusanos San Juan

Para distraer la mente y disfrutar de las vacaciones colgué todo sin previo aviso y me fui una semanita a San Juan. Ya saben como es el dicho, uno siempre regresa al primer amor. Esta vez no fui por razones académicas y tuve la oportunidad de conocer un poco más a su gente, su historia y sus encantos —¡que vinos, por dios!—.

También conocí una familia fenomenal, los Ariza, que me abrieron las puertas de su hogar aún sin conocerme mucho y me hicieron sentir como en casa. Me dieron techo, comida, mucha charla y buena compañía ¡Mil gracias por todo! Espero algún día tener el honor de devolverles el favor. Ya saben, cuando quieran.

Esta hermosa postal es un regalo de mi guía turística oficial y compañera de mates mañaneros Ailen y su hermano, el sensei ajedrecista Mariano Ariza (autor de la foto). El lugar se llama Matagusanos y está ubicado en el departamento de Ullum, en el centro oeste de la provincia de San Juan. Además de su historia y su riqueza, los sanjuaninos tienen una calidez humana y una simpatía que en pocos lugares se encuentra. La pasé genial, tanto que no quería regresar. Sin lugar a dudas volveré a la residencia del sol. Lo prometo.

  • Gracias totales e infinitas a Gabriel, Angélica, Ailen, Mariano, Moro y la Nona Ariza. Se quedaron con un pedazo de mi corazón.
  • EzeVida Cotidiana
    12 de Febrero de 2008 Compartilo 6 comentarios

    

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