Palabras provisionales y despistes periodísticos
Hace algunos días entregamos el primer borrador de un trabajo para la materia Periodismo de Investigación. Nosotros usamos un método bastante simple para laburar. Todos investigamos, pero el que escribe el trabajo final es uno solo, para mantener la coherencia y el estilo. Y mientas escribe, resalta los hechos, nombres, datos o fuentes que deben ser (re)chequeados con color rojo y letras negritas en el editor de textos —generalmente Word—. Así, los demás, cuando leemos el borrador sabemos qué datos son los que tenemos que confirmar. Luego, vamos corrigiendo cada uno de esas frases que aparecen en rojo hasta que todo el texto queda en negro, listo para releer una o dos veces —por las dudas— y preparado para imprimir y entregar.
Resulta que cuando escribimos este último trabajo citamos al responsable de prensa de una institución neuquina, pero como no nos acordábamos del nombre —lo teníamos que chequear—, lo suplantamos por otras palabras para luego corregirlo, evitando así perder de vista la extensión del trabajo —ya llevábamos 7 páginas— y/u olvidarnos de citar la fuente como se debe. Entonces, marcamos la frase provisional con rojo y negritas, como es nuestra costumbre.
Aunque, para ser sinceros, las palabras con las que reemplazamos temporalmente el nombre de esa persona no eran precisamente “buenas palabras”. Es más, era un insulto directo y popular, escrito como si fuera un nombre propio, con mayúsculas, como corresponde. Lo hicimos así por el apuro con el que estábamos terminando de escribir y por la forma en la que nos atendió esa persona cuando fuimos a hacerle unas preguntas hasta su lugar de trabajo.
En fin, el asunto es que la tecnología y nuestro despiste se conjugaron, porque en el último boceto del Word no apareció esa frase marcada con letras rojas y negritas. Entonces, nos olvidamos de cambiar el insulto por el nombre de la fuente y entregamos el trabajo así. El error fue bastante importante, pero como se trataba de un borrador nuestros profesores fueron comprensivos y todo quedó en una simple anécdota, que vino acompañada por un signo de admiración tan grande como el Obelisco en las correcciones.
Después de la experiencia, me quedé pensando en qué hubiera pasado si eso se publicaba y me puse a buscar ejemplos reales de nuestro caso en el periodismo. Al final, me encontré con éste de la edición papel del diario ADN en Mala Prensa. Titulares provisorios:

Menos mal que lo nuestro era un borrador y no alcanzó a ver la luz, porque sino íbamos en cana por difamación. Igual, aprendimos la lección y no volverá a pasar. A partir de ahora vamos a usar asteriscos para reemplazar palabras, nombres o datos
EzeVida Cotidiana
30 de Octubre de 2007 Compartilo
3 comentarios
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