Buscando objetos antiguos, extraños, curiosos

Foto vidriera UnderwoodMi constante curiosidad me hizo saber que en cualquier casa de familia podemos encontrar, si buscamos con paciencia, objetos antiguos, extraños, viejos, de esos que muchas veces acumulan polvo en algún cajón olvidado. A veces es difícil encontrarlos, otras están a la vista y lo único que tenemos que hacer es acercarnos y preguntar: ¿y esto? Entonces, desde algo tan pequeño como un reloj de bolsillo o un marco tallado a mano, se abren las puertas de un maravilloso mundo de historias, orígenes e identidades.

Desde hace algún tiempo tengo la costumbre de entrar a una casa y buscar este tipo de reliquias. Si no encuentro nada a primera vista y tengo algo de confianza suelo hacer preguntas sobre la historia de la familia hasta que doy en el clavo. Es un pasatiempo bastante interesante.

Lo que más disfruto es que me cuenten la historia del objeto, y nadie mejor para esto que los abuelos, que son, lejos, los mejores narradores, ya que además de su sabiduría tienen un poder de oralidad que es difícil igualar en nuestros tiempos; comienzan contando la historia de un pequeño mantel bordado y terminan sumergiéndonos en cuentos fantásticos de viajes, pasiones, lugares y costumbres de otras épocas.

Muchas veces esos objetos tienen un valor sentimental que es extraño de comprender, y en otras ocasiones su historia no se conoce mucho —”era de mi abuelo”, es todo lo que te dicen— pero igual resultan interesantes porque son raros o simplemente curiosos.

Mi casa no es la excepción a la regla y en ella se conjugan, por ejemplo, el tocadiscos y el DVD, un escudo familiar que debe tener como 80 años con un cuadro abstracto pintado por mi primo hace menos de ocho, una boleadora de cuero cosida a mano con la más variada gama de celulares de última generación y álbumes de fotos en blanco y negro de los ‘50 con colecciones de fotografías digitales. Cuando tengo algo de tiempo libre suelo hurgar en los lugares más escondidos de mi casa, buscando con ansiedad alguno de esos trastos viejos.

Ayer, revisando la colección de vinilos que acompaña al longevo tocadiscos Hitachi de mi hogar, encontré esta “joyita cultural” de nuestro país: el long play original de Arturo Puig, llamado «Sí, soy yo» —que es la banda de sonido de la telenovela Mujer Comprada (1986)—, con los inolvidables hits musicales «Sí, soy yo», «Te conocí de casualidad» y «Por culpa tuya o culpa mía» en el lado A; y «Cuando un amor se muere» y «Seremos uno, siendo dos» en el lado B.

Arturo Puig tapa de vinilo

¿No sabían que existía? Yo menos, tenía sólo 4 años cuando fue editado. Aunque no me dice mucho de mi existencia, me cuenta bastante sobre la época y sobre los gustos musicales de mi familia. Lo escuché una sola vez. Me dio terror ponerlo de vuelta. Y nosotros que creíamos que lo de Iliana Calabró, Martín Marquesi, Rocío Marengo o Marixa Bali era un afano a mano armada.

Ahora siento curiosidad: ¿qué objetos antiguos, extraños o interesantes tienen ustedes en sus casas?

  • Foto: la primer fotografía es de Pancho Dondo (publicada con su autorización), del blog Adlatina Lado B, en donde generó este genial posteo: El triste destino de una Underwood No. 5
  • EzeVida Cotidiana
    2 de Marzo de 2008 Compartilo 4 comentarios

    

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