Periodismo
El verdadero Día del Periodista Deportivo
Cuando yo era chico mi viejo me solía decir “que los hombres agradecidos multiplican a los buenos, llenan de merecidas caricias y afectos, lugares que de quedar vacíos le daría la victoria a la temida ingratitud”. Pues entonces buscaremos homenajear a dos grandes del periodismo nacional.
Fioravanti nos marcó un camino, nos fue formando. Formar en el significado de educar, de desarrollar a una persona. Firoravanti nació y quedó. Aquí estará siempre detrás de los agujeritos del cuero de la radio que tapan el parlante. Estará siempre por emoción. Por profesional y por gente. Relataba y el idioma castellano, casi siempre vapuleado, se sentía tratado como la pelota llevada por Diego. El Maestro se decía narrador y los goles con la “ele” larga resonaban de una punta a otra del país entrando a los hogares sin facilísimos ni demagogias.
Joaquín Carballo Serantes nació un día 5 de noviembre de 1905, periodista gráfico en sus comienzos en La Provincia y El Orden de Santa Fe se fue a la Capital Federal para escribir en Noticias Gráficas y La Razón.
En la radio describía el parido sin histerias y con la narrativa de un paciente hombre de letras. Su primer trabajo en radio fue de lector de noticias en Radio Prieto. Sus comienzos como relator se remontan a la emisora La Voz del Aire y a un partido entre Peñarol y River.
Pasaron a su lado infinidad de periodistas y comentaristas: Borocotó, Enzo Ardigó, Mario Truco, entre otros. El “atento Firavanti” quedó en nuestro corazón como el llamado del gol. Ese anuncio de que pasaba algo en algún lado, en una cancha donde jugaban los nuestros. Relator de boxeo con un lugar casi permanente a la vera del ring del Luna.
Cuando se escucha aquel memorable gol del Chango Cárdenas ante el Celtic, a pesar de oírlo tantas veces ya el “Toma Ruli, habilita a su compañero Cárdenas” rebota en el corazón de una época radial inolvidable en la que Fioravanti tuvo mucho que ver. Contemporáneo a la escuela radial de dicción y narración que con sólo abrir el micrófono instaló Fioravanti, un escribas de la época asumía el compromiso ético más impactante de todos los tiempos en el Periodismo Deportivo Argentino.
Dante Panzeri investigó, analizó, pronosticó y elaboró hasta la médula sin pelo en el lápiz, sin miedos y con una agudeza excepcional lo que sucedía en nuestro deporte diariamente. Desde las páginas de El Gráfico, Panzeri fue guardián del honor en las épocas en la que había un poco más de honor y probidad, en la última página de la revista produjo el hecho y el comentario. Esto es, la noticia y la réplica. Panzeri jamás navegó en la superficie, siempre fue al fondo de la cuestión. Dante Panzeri nació un 5 de noviembre del 21 y partió a la posteridad en 1978, en plena labor preparatoria del mundial y no tuvo concepción alguna con el Régimen que lo organizaba, denunciando el despilfarro de las obras que se realizaban al efecto.
Panzeri fue un idealista y era bueno saber que había idealistas cuando hoy el, movimiento miserable de la componendas manchan de mentiras e hipocresías los corazones argentinos, su libro “Dinámica de lo impensado” escrito en 1967 fue reeditado hace unos años y su vigencia es tal que parece creado por estos días.
Esta claro que el día del periodista deportivo es el 7 de noviembre pero en lo moral, en lo ético, en la maestría, el Día del Periodista Deportivo debería ser el 5 de noviembre. Por Fioravanti y por Panzeri.
Formadores, ilustres populares sin la espada pero con la pluma y la palabra.
Deportes
La vuelta del Gran Cipo
Cuando Marcos Garrido, de General Paz Juniors, convirtió el penal que le dio la victoria a su equipo condenando a Cipolletti al descenso, la noticia corrió inverosímil, increíble, fantástica entre la gente del fútbol. Cipo se había ido al descenso, debía jugar el Argentino “B”.
Cipolletti se fue al descenso recibiendo en el adiós la promesa de su público de un seguimiento fiel y conmovedor. Cuando debutó en el Argentino “B” ante el Deportivo Roca, el público albinegro copó la cancha y aquel “esta campaña volveremos a estar contigo” comenzó a sonar en cada uno de los estadios donde jugaba el equipo de Domingo Perilli.
A lo largo de su campaña, Cipo parecía convocar a sus hinchas y a más de un curioso que quería observar de cerca el fenómeno. Su paso por San Carlos de Bariloche, por ejemplo, dejó a la gente andina con la boca entreabierta, por su juego y claro está, por la convocatoria; a tal punto llegó esa admiración que varios barilochenses estuvieron presentes en el partido final ante Rácing de Olavarría.
El esperado regreso se produjo el 3 de junio en una Visera de Cemento totalmente colmada. El rival fue duro, como todos. Cuando el árbitro Alejandro Arco marcó el final a los 53 minutos del segundo tiempo comenzó la locura y terminó lo pródigo. La vergüenza del descenso que Cipolletti disimuló con una campaña brillante llena de gente y color, de pasión y bronca.
El equipo de Cipolletti ya no era de Cipolletti, era de toda la región, parecía un trashumante de una cancha a otra llevando a su gente que organizaba caravanas Blancas y Negras.
Con el paso del tiempo se verá esta campaña del “Capataz de la Patagonia” como una leyenda pero aquella pena de un año atrás fue motivo para algunas uniones, algunos amores, algunos esfuerzos y varias cargadas…
Cipolletti volvió al Argentino “A”, como la cigarra después de un año bajo la tierra.
Deportes
Fábula: El goleador y el dueño de la pelota
En el campito como en la vida hay un dueño de la pelota, lamentablemente es así. Sería lindo que la pelota fuese de todos repartida en partes iguales. De todas maneras medio enojado con la situación, de modificar por cierto, al menos es bueno que el dueño de la pelota tenga sentido común, que sea un tipo abierto y no uno de esos nenes de mamá, caprichosos, egoístas, sin la más mínima dosis de calle y sentido social de la cosa.
Los dueños de la pelota suelen ser poderosos a la hora de elegir con quien jugar, a veces por su condición de propietario de balón nuevito y caro.
Otras, porque además de ello, son inteligentes y hasta muchachos buenos y solidarios por quienes los grandes jugadores siente realmente afecto y además de aprovechar la situación de jugar con la redonda más bonita se arriman por cariño y respeto a su propietario.
Es así que se forman sociedades, grupos, barras en donde se conjugan perfectamente el capitalista propietario del balón y los más callejeros y humildes que juegan con él.
Le enseñan de la vida, se la embarran (en el buen sentido) y le van haciendo ver que en la vida no siempre te van a decir que sí a todo. He ahí el mayor riesgo de algunos dueños de la pelota, el acostumbramiento que traen de la vida al “sí” permanente, a ninguna o pocas rebeliones, y si las hay, a ser indiferentes a ellas como si fueran de otro planeta.
A veces ese defecto viene de la mano de premios excesivos como “si te sacás un excelente te regalo tanto como a otros le cuesta seis meses ganar…” Entonces los dueños de la pelota transitan, muchas veces sin ser culpables directos, una vida caminando en esos alambres que cruzan los trapecistas o malabaristas de un lado a otro de la calle o la carpa dl circo, ante alguna respuesta en contra se desbandan, se salen de cause, pierden el estribo y muestran su verdadera cara. La que su situación de vida le fue modelando de espalda al resto de la gente aún cuando durante mucho tiempo hayan convivido con el todo, lo hayan hecho medianamente bien, con cierta dignidad pero con ese orgullo de ser el dueño de la pelota, sólo por serlo. Hay un momento en que saltan los tapones, se corta la buena luz y en un instante se oscurece de golpe.
Es el dueño de la pelota el que cuenta con el goleador del barrio. El pibe que juega y mete los balones en el ángulo más lejano como nadie lo hace en el barrio, el que llegó al dueño seducido por la pelota, por la chance de jugar siempre y termina siendo compinche de todos, del dueño y de los amigos del dueño, esos que están en similares condiciones que el dueño pero ni juegan tan bien, ni serían capaces de prestarles el protagonismo al pibe goleador y la relación, como la pelota, van rodado y el tiempo pasa y una tarde al goleador, al pibe humilde no de bolsillo, sí de alma y sacrificio, de comportamiento casi intachable tanto con sus amigos como con ese grupo de dueños se da cuenta que ya está, que ya pasó, que ganaron muchos partidos, que jugaron mucho con la pelota nueva del dueño, que él pudo llevar varias veces a sus amigos del barrio pero que es momento de hacerse a un lado, que ha notado que a pesar de los años, de los momentos vividos, de promesas y juramentos, el dueño de la pelota y su entorno no soportan que él sea el mejor.
Entonces decide no ir más y el dueño de la pelota sufre un “no”, educado pero un “no”, un no va más, mejor terminemos aquí.
Es ahí cuando al dueño le saltan los tapones, parece un señor feudal que no acepta la partida de un siervo, parece un niño bien que no admite que el papá no le compre la moto, pare el más codiciado novio de todas pero resulta que la pecosa le dijo que no y él no la puede comprar con toda la plata que tiene.
El pibe goleador apenas lo mira, apenas lo escucha. Lo observa intentar el arreglo con un procedimiento sumarísimo a lo que está acostumbrado. El pibe se levanta y se va.
El dueño de la pelota se queda hablando solo o sólo para su corte. Está al borde de un ataque de nervios, le han dicho que no…
El pibe se va a buscar otras pelotas, sabe que encontrará otros dueños, espera que no se sientan dueño de todo lo que va más allá de la pelota. El dueño sigue gesticulando sin entender como pueden haber otras pelotas que no sean las de él, piensa en lo injusto que es el mundo y en lo ingrato que ha sido el Pibe al que él le dio la oportunidad de jugar con la mejor de las redondas de cuero.
El Pibe se va soñando en títulos, goles y amigos. El dueño se queda con la pelota y su corte y una billetera que por suerte, en este caso, le es bien inútil y uno se queda pensando que todo sería mejor con más pibes goleadores y menos dueños de la pelota.
Deportes
Lejos, cada vez más lejos…
El Deportivo Luis Beltrán se adjudicó en forma sorpresiva el Torneo Integración Rionegrino de fútbol… ¿Sorpresiva? Hace 20 ò 30 años seguramente que sí pero hoy no lo sé. Está claro que el Torneo Integración no entrega nada de nada (ni siquiera prestigio) pero es doloroso que no lo haya ganado un equipo de la Liga Confluencia.
La Liga Deportiva Confluencia supo estar entre las cuatro Ligas más importante del fútbol argentino. Tuvo en Cipolletti, Deportivo Roca y Atlético Regina dignísimos representantes.
El Albinegro fue el único equipo de la Patagonia que le ganó a Boca y a San Lorenzo. El Depo superó como visitante en cancha de Vélez a Racing Club de Avellaneda. Atlético Regina se impuso en San Martín ante Chacarita. Todos estos encuentros enmarcados en partidos oficiales, por los viejos Nacionales, por los porotos enserio.
Hoy, Cipolletti, el Club más representativo a lo largo de la historia de la Liga, juega el Argentino “B”. El Deportivo Roca también participa en la cuarta categoría del fútbol argentino (¡en la cuarta!) pero además pelea el descenso. Hace años que un equipo de la Confluencia no pasa la primera ronda del Torneo del Interior y además cuando determina organizar la fase final de un torneo Rionegrino donde hay dos equipos liguista en semifinales, el título queda para el deportivo Beltrán…
Esta circunstancia en la década del 70 y 80 era poco más que utópica, ilógica y rozaba lo imposible, por entones los equipos de la Liga Deportiva Confluencia marcaba hegemonía no sólo en Río Negro sino en toda la Patagonia.
Las cosas cambiaron y cambiaron para mal. Hoy aquella época dorada está cada vez más lejos y no sólo en el tiempo…
General
Niño, deja ya de joder con la pelota
La fábula y la emoción, de eso se trata el Día del niño
¿De qué otra cosa sino?
Del niño corriendo detrás de la pelota con la cara roja de pasión, de entusiasmo, de ternura. Con la cara de ir ganando por la mínima diferencia o con el rostro de expresión anhelante de ir a buscar el empate en el último córner de la tarde, justo antes de que mamá llame a tomar la leche.
De la niña haciendo niñas a todas sus muñecas, amparadas en un guión inédito que ella le puso a la tarde para convertirlas en amigas, novias o hermanas. Para lograr, con la dosis necesaria de coquetería, que conquisten al príncipe de la jornada.
De los niños que abren grande los ojos, pero bien grandes, a veces acompañados por la boca, también grande, mientras desde un libro de cuentos parte una historia fantástica, una aventura milenaria, una novela de amor y hasta un relato de terror.
En ese momento los niños reciben y aceptan, se incentivan sus sentidos, se sensibiliza su alma hasta límites insospechados. Igual que una pelota picando adelante y el arco a su merced. Lo mismo que en una representación teatral con muñecas.
La fábula que había en sentirnos Voltron o el Chapulín Colorado y los que hoy se creen un maestro Pokemon o una chica superpoderosa y, uniendo varia generaciones, Batman y Superman.
La emoción del primer beso ayer, hoy, siempre. En la escapada a la siesta que se presumía obligatoria y apenas el viejo pegaba el primer ronquido, en cuatro patas pasábamos frente a su habitación y la puerta que daba al patio era la frontera con la libertad de la hora.
La fábula del potrero, la del “yo soy el manteca Martínez”, “Yo soy Francescoli” y el “Hoy juego de Saviola” o “hacé de cuenta que soy Messi”.
El latido fuerte del corazón cuando pegados al sillón de mamá veíamos “Grande Pá”, la misma sensación cuando Paola Krum y Pablo Echarri se encuentran en “Montecristo”, cuando ves que eso redondo, envuelto trabajosamente, es para vos y sí, te das cuenta que era el fútbol que tanto esperaste y resulta que el viejo había hecho un trabajito extra y te lo había ido a comprar.
Por entonces mi sonrisa era la de mis viejos, por suerte “niño”. La palabra “niño” no contiene sólo a los más pequeños, la franja es bien amplia.
La emoción en el paso final de la niñez cuando en la oscuridad del cine la Morocha accede a tomarte la mano en clara señal afirmativa a tus ilusiones sentimentales. Servía incluso el susto que le daba la película para que ella se arrime un poco más a tu brazo.
El presunto renunciamiento varonil de jugar con las niñas al elástico o la escondida que respondía inexorablemente a las ganas de estar con ellas, con las amigas del barrio y hasta con las primas.
Es el día de esos niños. Los del balón atado a la zurda. Las de las casas de muñecas hechas con cajas de zapatos. Los del final incierto en una aventura de Harry Potter.
Los que han sido rescatados o salieron solos de la inacción y la mera contemplación de los juegos a los que los llevó la interesada Globalización de la forma que se presente. Abrazamos su niñez, su ilusión y sus inventos. Hasta que mamá llame a tomar la leche, y después también.
* La imagen es del photoblog Una mirada rebelde
Deportes
Los verdaderos dueños de la Pelota
Todos sabemos de la existencia de la FIFA. Sin embargo, miles de irreverentes amantes de la pelota que no son contenidos por la Federación son semillas que jamás van a germinar en un frasco con algodón y secante, sólo crecen en las canchas, en las improvisadas canchas de cada rincón del mundo en donde dos piedras o dos montículos de ropa o dos árboles, tal vez, sirven de arco a vencer hasta que mamá llame a tomar la leche o hasta que no se vea ni un cachito así porque la noche dijo presente.
Cuando un niño es fichado por el más humilde de los clubes de la Liga más pequeña de las Ligas del mundo, la FIFA lo ha atraído para bien o para mal, según la óptica de cada uno, según el futuro que le depare al pibe.
Cuando la ficha es realidad, el niño de hoy es prenda de los deseos paternales, de los caprichos tácticos, de la obligación por la obligación misma. La FIFA ya tendió su trampa, que llega desde las 20 pulgadas para llenar de partidos las horas de la vida, para que el fútbol sea pasión digitalizada, para que el juego sea negocio en cada minuto de cada lugar de la tierra.
Pero cada tarde, fundamentalmente la de los sábados, cuando para algunos la siesta es casi sagrada, cuando para otros el ocio le tiende un lugar al cine o al paseo, a la lectura o a la caminata, esas tardes hay miles de manifestaciones futboleras que escapan a la red de la FIFA; por más que al final del día los atorrantes del picado se mueran por Independiente o San Lorenzo o se prendan frente a la tele a ver al Internacional de Porto Alegre con Libertad de Paraguay. En ese momento de “no fue gol, la pelota pasó arriba del palo” no hay Pierluigi Colina, ni Joseph Blatter, no hay Platini de traje, ni Pelé vendiendo tarjetas y relojes.
Por eso, desde este lugar de expresión, quiero gritar que la FIFA no es todo el fútbol. Hay miles de anarquistas que van con las medias en una bolsa de supermercado, que pisan para elegir, que toman una gaseosa debajo de un árbol del colegio después del picado. Todos ellos saben que la FIFA existe, es más, participan en calidad de ingenuos hinchas de la organización del fútbol asociado.
Mas ellos, a la hora del juego, permiten saber y decir que no todo está perdido y que por más que pasen mil años la Pelota va a creer más en el de “celeste” que juega con reloj puesto y nadie sabe cómo se llama, que en los relojes, las joyas, los viáticos y las leyes que desde Zurich emanan los dueños del fútbol, que jamás serán los dueños de la Pelota.
* Juampy estudia Comunicación Social en la UNCo, trabaja en Radio LU19, tiene un programa deportivo en Radio Líder FM y es uno de los periodistas que más sabe sobre la historia y la pasión del Cipo. Esta es su primera colaboración para Pensamientos Despeinados. ¡Gracias Colega!
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