El derrumbe de los clubes
“Había una vez un club.” Así comienza el trailer de “Luna de Avellaneda” la ya reconocida película que dirigió Juan José Campanella. En ella se retratan las dificultades por las que atraviesa un club con orígenes en las ideas de inmigrantes españoles y que, pasada la década del ’90, se ve obligado a relegar su sede social para dejar lugar a la construcción de un hotel. El largometraje es una postal más que descriptiva de la crisis por la que atraviesan esas preciadas instituciones que antaño formaron parte de la vida de una sociedad que hoy no juega a otro deporte que no sea el de la supervivencia.
En Neuquén la realidad no es distinta a la que cuenta Campanella. Los clubes están ahogados en una profunda crisis que los hace depender muchas veces de la ayuda oficial para continuar funcionando.
Por diferentes motivos, las instituciones deportivas neuquinas tienen que ceder parte de sus predios originales debido a exigencias económico – urbanas. En las imágenes que se ven debajo, puede observarse como el Club YPF como Independiente han relegado espacio en favor de diferentes construcciones. En el predio del club petrolero se está construyendo un coqueto barrio privado –casualmente llamado Casa Club-. Detrás de uno de los arcos de la cancha de Independiente hoy se está construyendo una calle y poco se asemeja esta obra a la del Vicente Calderón del Atlético Madrid.
Hace un tiempo, Andrés nos contaba que en el Club Pacífico las instalaciones del fútbol eran un desastre: “El campo de juego es de tierra y se parece más a una de las calles asfaltadas. Las tribunas son de madera, los vestuarios carecen de agua calienta y la lista sigue…”, nos comenta desde Gambeteando en la Meseta.
No quedan dudas de que los clubes sociales y deportivos pertenecen a otra época, a otra experiencia de la cultura, siguiendo los conceptos del filósofo francés Michel Foucault. Cumplían la función de contención para la clase obrera de fines del siglo XIX y principios del XX, en un tiempo atravesado por la industria fabril. Hoy, en las ciudades quedan resabios de esas historias.
Los cuadros, copas y trofeos forman parte de las paredes venidas abajo de las sedes sociales de los clubes. Por la vereda del Club YPF pasa Mario, ex empleado de la empresa, mirá de reojo y se ve jugando al fútbol con otros compañeros que quedaron sin trabajo después de las privatizaciones. Ahí se le cruza la imagen de Menem, se le empañan los ojos. Mira hacia el frente. Lo espera el río, ahí se puede sentar y armar un truquito con sus conocidos.
Etiquetas: Clubes, Club_YPF, crisis, Independiente_de_Neuquén, Luna_de_Avellaneda, Michel_Foucault
SebaParemos la pelota
31 de Octubre de 2007 Compartilo
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4 Comentarios Dejá el tuyo
1. Eze | 31/10/2007 a las 9:19 pm
Creo que éste es uno de los mejores posteos en la historia del blog. Estoy orgulloso de compartir una casa con usted, Don Sebástian.
2. Ale | 31/10/2007 a las 10:28 pm
Estoy de acuerdo con Eze.
Creo que los clubes barriales han sido de gran contención para los chicos, que ahora están en la calle, a la buena del “paco” o que se cuál otra porquería.
Practicar un deporte, jugar en equipo, formar parte de un grupo en donde las empatías les ganaban a las apatías eran algunos de los objetivos de los creadores de estos pequeños sitios en donde estar y compartir la vida, vivirla, en vez de mirarla pasar…
3. JM | 1/11/2007 a las 9:23 am
No sé si el mejor, pero gira de tal manera en cada párrafo, que es un placer leerlo (incluso para los que estamos bien lejos del tema y los lugares).
4. QUE TIEMPOS AQUELLOS &laq&hellip | 28/11/2007 a las 11:24 am
[...] producto de su nacimiento a través de fusiones con otras entidades y hoy corre el peligro de desaparecer como tantas otras instituciones a lo largo del [...]
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