“De un valle a otro”, contando un viaje (I)

“Mi gloria es vivir tan libre
como el pájaro del cielo
no hago nido en este suelo
ande hay tanto que sufrir
y naides me ha de seguir
cuando yo remuento el vuelo”.

José Hernández,
Martín Fierro.

El viajar es algo a lo que no todo el mundo se anima. Supongo que es algo en la sangre que nos lleva a quedarnos en un lugar o bien, movernos a través de las fronteras. La historia de mi familia ha sido marcada desde un comienzo por la migración y la búsqueda de nuevos paisajes. Mi abuelo Lucas, nacido en El Esparragal, España, se embarcó a sus trece años de edad en un viaje que cambiaría su vida. Movido por la situación de su país, viajó durante veinticuatro días con sus noches hasta el puerto de la ciudad de Buenos Aires.

Mi abuelo Francisco, nacido en Colonia Margarita, provincia de Santa Fe, tomó el tren a la Capital Federal una mañana de sus dieciocho años. Supongo que fue su sangre la que lo movió a conocer algo más que el campo en el que había nacido, un nuevo horizonte, una nueva aventura. Llegó a la gran ciudad con un pequeño bolso, un papel con una dirección a donde ir y, seguramente, algunos salamines y pan con chicharrón para llevarse con él algo de ese sabor del campo. Durmiendo clandestinamente en una pensión y demostrando sus habilidades jugando a las bochas con los adinerados comenzó su viaje, que sin saberlo, lo llevaría muy lejos.

Unos cuantos años más tarde mis padres, nacidos en la Capital Federal, decidieron ir en busca de un nuevo paisaje, su propia aventura, en el entonces desolado suelo del Alto Valle neuquino. Este paisaje árido, con sus bardas, sus infértiles médanos y constantes vientos supo calar en cada uno de ellos y en la sangre que también corre por mis venas, la nostalgia de lo que queda atrás y la intriga de lo que está por llegar.

Aquella noche de octubre, ventosa seguramente, como todas las noches primaverales de Neuquén, sentí el aroma del polvo que se cuela por debajo de las puertas por primera vez. Los ojos de mi padre, repletos de pequeñas lágrimas, no sólo por mi llegada, más por esa primavera que como todas las primaveras del valle lo invaden de alergia, estornudos y pañuelos, supieron hallar en mí un dejo de ese espíritu viajero, esa pulsión, que no ha parado de viajar en la sangre de mi familia a través de las generaciones.

Ésta es la primera de las entregas -a modo de presentación- de nuestro amigo Peluca, aventurero argentino en El Jebel, Colorado. Nos va acompañar con sus observaciones desde gringolandia mientras dure su estadía en aquellas tierras. ¡Salud y bienvenido, Pelu!

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PelucaVida Cotidiana
28 de Febrero de 2008 Compartilo


3 Comentarios Dejá el tuyo

  • 1. pin  |  29/02/2008 a las 11:00 am

    peluca :sos una masa , que la luz que tenes en tu interior te acompañe toda la vida , tenes unos sentimientos mara villosos de amor y humildad . Segui asi no cambies

    pd :lo q falataba “columnista” jajajajjaja

  • 2. chacho  |  6/03/2008 a las 2:51 pm

    Capo LU!!!! te queremos mucho y siempre te vamos a apoyar en todo!
    Mucha suerte con tus proyectos!!
    Eso si.. no nos olvidemos de la achacosa, de la escondida , de la trolope….que van a estar siempre en nuestros recuerdos!! y estan aca en Argentina
    Muchos cariños

  • 3. peluca  |  9/03/2008 a las 5:29 am

    Cómo olvidar las caminatas a la achacosa!!!
    Por más lindos que sean los rios y lagunas de este valle, nada como los de NQN!!

    Esta semana se viene la segunda parte.

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