25/05: sabemos de qué se trata

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Mis más tiernos recuerdos del 25 de mayo provienen de la primaria. Allí, y de acuerdo a la necesidad de formar adeptos para el Estado Nación, me enseñaron a querer símbolos como el cabildo, la primera junta (que hube de memorizar) y el pueblo que, bajo la lluvia, gritaba que quería saber de qué se trataba.

Tengo ese relato grabado a fuego, con algunas distorsiones comerciales, como el dibujo de Anteojito disfrazado de Saavedra, pero grabado al fin.

Mientras yo lo aprendía obedientemente comenzaba en Argentina un período florido e inexplicable: el período menemista. Cuando este abogado riojano tomaba decisiones -decreto mediante- el pueblo -baqueteada palabra- no preguntaba de qué se trataba. Compraba electrodomésticos en cuotas y se iba a Miami a broncearse con el sol libertario del país del norte.

Unos años antes -6 aproximadamente- se había cerrado el trabajo fino de un gobierno ilegitimo y tiránico de eliminar a toda una generación que sabía de qué se trataba y lo decía en voz alta. El pueblo que restaba era una mezcla medio rara de gente que seguía de pie, gente que se había puesto un precio y gente que aprovechaba las increíbles ofertas. Lástima que la música funcional de los supermercados no nos dejó oír las voces de advertencia. Lástima.

De a poco, Carlos Saúl Menem, virrey por aquellos tiempos germinales, fue vendiendo todo. Luz, gas, agua, recursos energéticos, telefonía, medios, etc. Estaba bien, había que deshacerse de esos mamotretos burocráticos y grises, ineficientes y costosos, y dejárselos a otros que ya estaban cancheros, que sabían de management, marketing, design, publicidad, packaging, merchandising y sobre todo, de saqueo.

¿Estuvo bien? Y no, la verdad que no. Pero el que chistaba era candidato a los gases lacrimógenos o a la indiferencia. O a lo uno primero y después a lo otro.

Así se nos pasaron ¿cuántos? ¿10 años? Y en el medio, las marchas de los jubilados, de las Madres, la carpa docente, huelgas, desmonte industrial, reforma de la Constitución, José Luís Cabezas, Amia, y más, mucho más. Evidentemente había muchos que sabían de qué se trataba. Pero ya nadie quería escucharlos. En nuestros minicomponentes ya sonaban las Spice Girls y los Back Street Boy’s. La “100” tenía mejor repertorio que la calle.

¿Y ahora? No, esto no es una película de cine catástrofe, en la que el joven de mejillas cuadradas logra que después de la tormenta amanezca despejado. Pero las cosas han cambiado considerablemente. A muchos se nos quemaron los equipos de música y no nos quedó otra que empezar a escuchar esa música incomoda que venía de la rúa (cualquier parecido con la realidad…). Aquello que nuestra clase dirigente nunca dijo, y además se esforzó imaginativamente en ocultar, eso, lo estaba diciendo la Sociedad Civil.

La Sociedad Civil no es la panacea. Pero es una opción, frente a la democracia burguesa, la privatización y fragmentación de la política y la retirada de las bases de los partidos tradicionales. Ignorando aquello que expresa el artículo 22 de la Constitución Nacional, que el pueblo no gobierna ni delibera, sino por medio de sus representantes y autoridades, los movimientos sociales empiezan a dar forma a un nuevo tiempo en Argentina y, claro, en toda Latinoamérica.

Digo que no es la panacea, porque hay un necesario trabajo por delante y no sabemos hacia donde se dirigirán algunas organizaciones en unos años. Pero sí es legítima la denuncia y la acción. En sus declaraciones más lúcidas la voz es clara: es preciso un sistema que no se valga de los pobres para alimentar la hoguera de sus vanidades.

El 25 de Mayo de 1810 se revolucionó el sistema político de la incipiente patria. En ese entonces, el mango de la sartén ya lo sostenían las elites. Y había en la plaza algunos que esperaban la salida de algún miembro de la Primera Junta, para que les contara de qué se trataba. Pero seguramente, en los rincones del territorio ya existían quienes sabían de qué se trataba y se reunían en las calles a discutirlo.

Cerquita de los dos siglos después de aquellas épocas revolucionarias nos quedan algunas decisiones por tomar. Ya no hay carlotinos, revolucionarios o monarquistas. Podemos subir el volumen de nuestros Mp3, mandar mensajes de textos para votar a nuestro candidato a vaya a saber qué, o cliquear sobre la opción que mas nos convenza. Pero siempre nos queda la posibilidad de oír lo que dice la calle. Y unirnos a ella.

  • El texto apareció en la revista de los estudiantes de nuestra Facultad y lo publicamos con el visto bueno de su autora. Vanesa estudia con nosotros Comunicación Social y, además, Sociología en la UNCo. Gracias una vez más Vanesa :)
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    VanesaEl mundo fue y será
    25 de Mayo de 2007 Compartilo


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