La pelota se eclipsó

Mientras en todos lados no se hace más que hablar de los violentos, en Plottier, hay un pibe que pelea por su hijo. Y la pelota parece que lo ayudará una vez más. Nicolás Campos, de 25 años, dejó de jugar en el 2004 por su hijo Franco, que nació con parálisis cerebral. Tras pasar por momentos de desazón, volver a entrenar, volver a la hermosa rutina, le da fuerzas para seguir adelante.

Nicolás Campos

En las últimas semanas la pelota se eclipsó. El lado más oscuro que tiene este juego tomó el protagonismo y no se hace otra cosa más que hablar de ello. Ocultas, en algún lugar, quedaron esas pequeñas cosas que a lo largo de los años han hecho de este juego algo maravilloso. Aquellas cosas que dan luz a esa esfera redonda que es el delirio de muchos han sido ocultadas por la barbarie.

Esa caprichosa que nos hace delirar o sufrir, que fue la amiga más fiel de la infancia, es la protagonista en muchos pasajes de nuestra vida. Ayer, hoy y mañana, siempre tiene algún papel. Y siempre, pese a los fouls que nos hace la vida, ella esta allí; nos levanta, no nos abandona.

“Volví a vivir”, me dice por teléfono. Un silencio, solo eso que se puede decir. Son las palabras de Nicolás, que ha pasado su vida pateando una pelota y que hace dos años se alejó de ella, o mejor dicho, la vida lo alejó. Esas fueron sus palabras tras volver a entrenar después de dos años.

Ayer ilusiones, alegría, desfachatez y la pelota. Hoy un duro golpe, desazón, bronca, impotencia, ilusiones rotas, un rival muy difícil y ¿la pelota? Allá en un rincón. Mañana la fuerza, la esperanza, la lucha, la salud de su hijo ¿y la pelota? Bajó su suela, una vez más.

El ayer

El ayer del “Motita” -como la apodaron de chico- transcurrió detrás de la pelota. Jugó en diferentes equipos y su talento lo hizo vestir la casaca de Cipolletti. Es que esas piernas flacas, que llevan la desfachatez encima, tenían una conexión especial con la esférica. La vida de Nicolás pasó junto a una pelota y ni las penurias económicas fueron capaces de romper ese lazo que estaba unido con un 10 en la espalda. Los problemas de salud estuvieron desde que vio la luz, pero la pelota siempre fue su remedio.

Volvió a Plottier a jugar en Los Canales y allí consiguió lo que todo jugador anhela: festejar un campeonato. Aquel 2004 todo fue alegría. Campeón en la cancha y en la vida. Cómo no serlo si pronto llegaría Franco, su primer hijo, un “Motita” más.

El hoy

Es totalmente diferente. La vida se puso la dos y al mejor estilo de un defensor rustico le pegó de atrás, lesionándole el corazón, el alma. Lo obligó a alejarse de las canchas, a dejar en un rincón la pelota. Franquito, que llenaba de ilusiones a Nicolás, llegó a su vida, pero no como todos esperaban. La mala praxis, la negligencia de un doctor, hizo que Franco naciera con una parálisis cerebral.

Días difíciles aquellos. Un año y medio muy duro para él y su señora. Doctores y más doctores, meses en Buenos Aires para darle un poquito de luz a la existencia de Franco, peleando para que su alma no se apagara.

La falta más grande, que duele más que un esguince, más que una fractura, vino de la mano de la vida. Esta le dio un golpe bajo, lo alejó de la pelota, borrándole esa alegría que su rostro mostraba; dejando desazón, bronca y dolor. Borrando esperanzas y desgarrando el músculo más importante, el corazón.

El mañana

Como dicen muchos, el fútbol siempre da revancha. Y parece que a ese partido fue citado Nicolás. Durante los últimos dos años la rutina fue la misma: de la casa al trabajo y viceversa, preparado para pasar por la puerta y encontrarse con alguna dificultad. Sin embargo, la pelota siempre estuvo y ahora no esta dispuesta a quedarse en un rincón.

Maronese, uno de los clubes de Lifune (Liga de fútbol de Neuquén) fue a buscarlo para que integre el equipo que jugará el Torneo Argentino C 2007. Dudas e incertidumbre dan vueltas por la cabeza del “Motita”, que teme dejar a Franco. Pero la pelota lo mira, lo coquetea, lo invita a calmar el dolor junto a ella, como cuando era pibito, con las medias bajas, corriendo por los potreros del barrio.

El primer paso ya lo dio. Aceptó la invitación de Maronese y volvió a entrenar. Bah! Como dijo él: “volví a vivir”. Costó, pero parece que Nicolás volverá a jugar. Lo necesitaba él, lo necesitaba su familia. La pelota siempre fue su terapia y ahora lo es más que nunca. Nicolás sabe que esta frente a un duro rival, pero no se dará por vencido. Pese a ir perdiendo esta decidido a dar vuelta el resultado, esta decidido a acomodar la redonda, tomar carrera, acariciarla y colgarla en un ángulo, para gritar con el corazón el gol más importante de su vida, hasta desgarrar su garganta.

Esto es lo bueno del fútbol, o mejor dicho, esto es lo bueno de esa damita redonda. Mientras los diarios, la televisión y las radios oscurecen este juego hablándonos sin parar de la violencia, marginadas están estas pequeñas grandes historias que le dan brillo a la pelota.

* Para vos Nicolás, un amigo que me ha dado este oficio (por ahora) de periodista deportivo. “Motita”, levantate porque la redonda se posó delante tuyo para que vuelvas a pisar una cancha y te tomes revancha. La vida te pegó de atrás pero la pelota siempre esta para calmar las penas del alma y, aunque sea por un rato, ella te quiere a vos para que puedas volver a marcar, para que puedas hacer tu gol más importante
¡Fuerza Motita!

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ChinoParemos la pelota
21 de Noviembre de 2006 Compartilo


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