Elogio a la bicicleta
La semana pasada me empapé tres veces con mi bicicleta. Llegué a todos lados calada hasta los huesos, gracias a las inundadas calles de la ciudad, y a los irritantes automovilistas que, astutamente, se acercan y aceleran cuando tienen cerca a un ciclista y un charco.
Mientras viajaba en mi transporte pensaba que aun así, embarrada y congelada como estaba, no cambiaría por nada mi manera de circular por la vida. Es decir, en dos ruedas.
Parecerá ilógico, pero si lo piensan, existen innumerables beneficios, algunos menos concretos que otros, proporcionados por el uso de la bicicleta y el consecuente rechazo del automóvil.
Hago ocho o diez kilómetros diarios entre universidad, trabajo y otras hierbas, todos sobre ese querido artefacto. Y me he dado cuenta de algunas cosas que paso a describir:
- La bicicleta nos introduce directamente en la vida social, a diferencia del auto, que nos aísla del exterior. En la bici, tengo que ir pensando en el que viene por la derecha, por la izquierda, en el que cruza con su perro, en el que dobla, en el que no me vio, etc. Eso me obliga a prestar atención, no solo a mi persona sino al otro. El automovilista, sobre sus poderosos caballos de fuerza, se olvida fácilmente de los seres humanos que están a su alrededor. Y cree, e intenta demostrar permanentemente, que tiene el poder en la rúa.
- Cuando hace frío, y como sé andar sin manos, puedo calentar mis dedos en los bolsillos de mi campera. El automovilista que debe luchar contra el funcionamiento de la calefacción no puede poner sus manos en los bolsillos, porque el auto no se acomoda a las órdenes del cuerpo, sino que demanda y al pobre conductor solo le queda obedecer (o apagar el motor y demostrar nuevamente quien tiene el poder, tornando infructuosa la utilización del mamotreto gasolínico).
- Desde la bici, y ahora que el sol levanta tarde, puedo ver la luna enorme y redonda sobre el charco azul del cielo. Usted, que va debajo del techo de su confortable transporte, ¿la puede ver?.
- Como sufro de “retraso agudo por deficiencia de tiempo sobrante” no tengo espacio para dedicarle al ejercicio físico. Andar en bici me reporta una gimnasia casi obligatoria. Si quiero llegar, tengo que pedalear, y los médicos aseguran que eso me evitará innumerables enfermedades y alargará por mucho mis días (salvo, pequeño detalle, que sucumba bajo las ruedas de una máquina más poderosa, como por ejemplo un auto).
- En verano, como tampoco puedo tirarme a tomar sol, sobre la bici y de cara al pavimento caliente y reflectante, me bronceo, sino con uniformidad, al menos con más uniformidad que un automovilista, que está condenado a broncearse solo de un lado.
- No contamino. Y el auto si.
- No soy peligrosa para mis prójimos ciclistas y peatones. Difícilmente pueda matar a alguien con mi rodado 26.
- Con buena voluntad, puedo llevar a una persona en mi portaequipaje. Claro, un automovilista podría llevar a dos, tres y hasta cuatro personas en el interior del vehículo, pero no sentiría el placer que siento yo, cuando, con la lengua afuera, alcanzo la cima, con la felicidad de haber hecho algo bueno por alguien sin haber hecho algo malo por muchos (porque, como dije, no contamino, y el auto si). Y al final del viaje, no pido plata para la nafta o el gasoil.
- Soy económica, no ocupo lugar en las calles, ni genero embotellamientos.
- No hago demasiado ruido. ¿Han circulado por las ruas de una ciudad pequeña, en una madrugada de día de semana? Todo suena más fuerte, porque no hay escandalosos caños de escape o motores satánicos que acallen los pocos sonidos naturales que quedan en nuestra cementada jungla.
Por supuesto que existen algunos motivos que podrían ejercerse a favor del automóvil. La velocidad de desplazamiento por ejemplo. Pero, teniendo en cuenta que en la bici y en trayectos urbanos se puede hacer un tiempo considerable, este argumento no me parece válido. Los factores climáticos si parecen ser una verdadera oposición a la afición ciclística. Yo lo veo como la parte heroica del asunto. En toda militancia hay sacrificios. En la de la bicicleta, también.
Otros dirán que una bici no sirve para grandes distancias. Y tendré que asentir, pero no sin antes decir que en estas situaciones me declaro a favor del transporte público colectivo. Tal vez éste sea tema para otra columna pero, si bien se mira, el colectivo es útil para ir lejos, nos permite mirar por la ventanilla o curiosear a gusto a los demás itinerantes, nos aleja de la soledad del automóvil, y si bien contamina, no lo hace tan brutalmente como los millones de autos que circulan por las calles.
Si, si, argumentos sobran para derrumbar todas mis tesis. Y después de todo, no creo que un automovilista apurado por llegar abandone sus pretensiones de confort por una bicicleta. El punto es que él quiere llegar. Yo prefiero perderme un poco en el viaje, oxigenar la cabeza y desde luego, llegar más humana al final del trayecto, que muchas veces cambia sobre la marcha. Ahí va la diferencia más deliciosa entre el uno y el otro: sobre el auto, quien llega intacto físicamente puede darse por satisfecho, ni su cuerpo ni su aislada mirada habrán sufrido daños. Sobre la bicicleta, nadie llega espiritualmente intacto a destino.
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VanesaVida Cotidiana
21 de Junio de 2006 Compartilo
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6 Comentarios Dejá el tuyo
1. Pao | 23/06/2006 a las 12:16 pm
Vane: es interesante tu “elogio”, la verdad es que dan ganas de andar en bici y dejar de una vez por todas el bondi…lo intentaré.
2. Pensamientos Despeinados &hellip | 9/07/2006 a las 10:07 pm
[...] Mientras pago el boleto, repaso mentalmente si traje algún material para leer en el camino de 20 minutos hasta casa. Me cuesta concentrarme, porque el viaje en colectivo es uno de los placeres que me regala la vida, especialmente cuando llueve o hace mucho frío. El grito de la conciencia me vuelve rápidamente a la fotocopia, después de unos minutos tratando de adivinar la vida de la mujer que subió con un rostro agotado y se sentó a mi lado, o el destino de aquella que no pudo seguir con nosotros por diez centavos. [...]
3. Pensamientos Despeinados &hellip | 1/02/2007 a las 7:18 pm
[...] leer en el camino de 20 minutos hasta casa. Me cuesta concentrarme, porque el viaje en colectivo es uno de los placeres que me regala la vida, especialmente cuando llueve o hace mucho frío. El grito de la conciencia me vuelve rápidamente a [...]
4. marcelo | 15/08/2007 a las 8:59 pm
Bravo, soy un loco de la vaca flaca con ruedas y en cuanto puedo abandono el auto y me voy en ella .somos “guerrilleros del mundo civilizado; la resistencia en un mundo dominado por el motor y el tirano automovil “copiado de: “otro punto ” un semanario de rio cuarto , cordobA
ELOGIO DE LA BICICLETA
cierto que revoleas la cadena
cierto que eres una esqueletica
cierto lo de tus gomas percutidas
y muy cierto lo de tu posadera rajada
pero a mi que me importa
si yo te acaricio los cañós
te soplo los gomines
pongo freno atus arranques
y meta pata en nuestros mejores años
pito catalan al combustible
al semaforo en rojo
y al ortiva del transito
si mi vida es corta
y tu corneta ya no chilla
viento a favor
viento en contra
que me importa
!sudemos
y amemos
hasta que ya no pedaleemos.
un cualquiera
5. JulioAT | 19/10/2007 a las 4:10 pm
Vos sabes que en gran parte yo pienso igual que vos, pero se ve que ser hombre y vivir en una provincia tan calurosa como esta trae sus desventajas, el unico motivo por el que en reiteradas ocaciones e tenido que abandonar la bici es por algo que nos caracterisa a nosotros los hombres, el olor a chivo, y simplemente por eso luego de pedalear 20 minutos mi cuerpo termina ampliamente sudado y con un olor desagradable, y no es que yo sea enemigo del jabon, simplemente que mi cuerpo suda mucho, asi que puedo usar la bicicleta cuando tengo que hacer tareas normales, pero si por ejemplo tengo que acudir a algun lugar debo desistir, que la gente no tiene por que soportar mis sudoraciones jaja.
6. enBICIate.biketravellers.com | 17/05/2008 a las 11:52 pm
En Colombia, donde los políticos financian grupos armados, donde algunos ciudadanos mantienen lista una pistola bajo el asiento del coche, por si hay problemas, Militar es un verdadero riesgo. Y sin embargo, aquí estamos, en pie de lucha a favor de la bicicleta.
Apóyanos visitando nuestra página, adicionándola como link y enviándola a todo el que como nosotros crea que en dos ruedas la vida es mejor.
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