Periodista rebelde vs. Ventrílocuo del poder
El Periodismo se ganó la condición de “cuarto poder” por su estrecha vinculación con el poder político y la sociedad, como mediador-regulador entre ambas categorías conceptuales (hay que entender, de una vez por todas, que detrás de ellas hay personas). De eso no hay dudas, hay una triangulación directa entre el periodismo, la sociedad y la política. Así quedó demostrado, una vez más, en la jornada sobre Libertad de Prensa, Ciudadanía y Poder Político, en la que participaron y expusieron sus ideas Nelson Castro, Edi Zunino, Asdrúbal Aguiar y José Ignacio García Hamilton.
Las relaciones que se establecen entre éstas tres categorías son complejas, casi amorosas, pero creo necesario comenzar por una pregunta fundamental: ¿Qué tipo de relación se establece entre el ejercicio del periodismo y el ejercicio del poder político?
Trazando una pequeña analogía con las ideas de Oscar Varsavsky (en Ciencia, política y cientificismo) y las palabras de Asdrúbal Aguiar, podríamos argumentar que existen dos tipos de periodistas: los periodistas rebeldes y los ventrílocuos del poder. Los primeros cuestionan el modelo establecido con responsabilidad y tolerancia y son libres de elegir qué investigar, cómo hacerlo y cuándo publicarlo, o sea, en palabras de Nelson Castro, son periodistas libres e independientes; mientras que los segundos creen en la subordinación a un poder político (y económico) y se desentienden de los efectos sociales de su labor, protegidos por la supuesta objetividad periodística, como si esto fuera posible.
Uno de los grandes inconvenientes en la relación amorosa entre periodismo y poder político es que la dimensión político-financiera condiciona férreamente al periodismo. El mercado y la política plantean límites a los medios de comunicación que, recordemos, son empresas que buscan lucrar e influir. Según Edi Zunino, “el poder político depende del monopolio y viceversa”. Mientras que en la actualidad hay “monopolios de medios e información” -en donde el poder político se transforma en empresa- cuanto más monopolio y hegemonía política, inevitablemente, menor libertad de prensa.
Otra forma de noviazgo entre el ejercicio del periodismo y el del poder político lo aportó Nelson Castro. Para él, primero hay que entender que existe un “choque psicológico entre el poder y el periodismo independiente, una situación de tensión” derivada de la psicología del poder (que -dice Castro- es expansionista, hegemónica e intolerante) contra la psicología del periodismo libre e independiente (que se compone de diversidad, heterogeneidad y tolerancia).
El poder político, por sus características psicológicas y su dependencia monopólica, actúa con la captación y la corrupción en busca de la hegemonía total. Al comprender este comportamiento inherente a lo político, Castro recomendó acertadamente “limitar los contactos con el poder”, porque el poder sabe que si hay un periodista rebelde, hay un problema.
Por otro lado –aunque no menos importante- está la relación entre el periodismo y la sociedad. Si consideramos, como García Hamilton, que “no hay periodismo sin ciudadanía” y viceversa, entenderíamos -en palabras de Asdrúbal Aguiar- que:
La libertad de prensa es un derecho necesario para el desarrollo humano y un pilar fundamental de la experiencia democrática y el ejercicio de la democracia representativa.
En este sentido, la libertad de expresión y/o prensa entendida como un elemento fundamental de la democracia se vuelve indispensable en el triángulo amoroso al que hacía referencia en un principio.
Entonces, la libertad de prensa puede entenderse desde tres perspectivas que deben evaluarse en conjunto: la individual propia (el derecho a expresarse libremente), la individual colectiva (el derecho a conocer lo que piensan los demás) y la social (el derecho a recibir o producir información).
Como lo dije al principio, no hay que olvidar que detrás de éste triángulo amoroso de categorías conceptuales hay personas: seres humanos que piensan y sienten. Y también están los periodistas, que son seres humanos, pero que además cargan con una gran responsabilidad: la del ejercicio de la libertad individual y, al mismo tiempo, la colectiva y social cada día de sus vidas. Y cómo personas, “el pensamiento, la expresión y la información son inseparables”, como advirtió Aguiar.
Mucho se discutió en torno a si era posible la existencia del “periodismo independiente” como tal. Sin dudas, no es independiente en la acepción más lógica de la palabra: que no tiene dependencia, que no depende de otro. Es obvio que el periodismo, de la misma manera que las personas entre sí, mantiene una relación de amor-odio con el poder político y la sociedad en general. Pero Edi Zunino entendió a la perfección el significado connotado de la expresión independiente: “Si hubiera habido periodismo independiente, 196 años después no estaríamos debatiendo como murió Moreno”.
Creo que como futuros periodistas debemos tener siempre presente éstas relaciones, llegará el momento en el que debamos elegir entre convertirnos en periodistas rebeldes o ventrílocuos del poder. Creo que ya lo estamos haciendo, el truco está en hacerlo con diversidad, heterogeneidad, tolerancia y, sobre todo, con responsabilidad.
*La imagen es “Cuarto Poder”, de Jorge Meijide
Enlaces:
- Periodismo y poder | Wilson Hernández en SdP.
- La encrucijada ética de una relación tortuosa | Hernán Vaca Narvaja en UNRC.
- Blogs: ¿El quinto poder? | Manuel Luche en PD.
- El quinto poder | Ignacio Ramonet en SdP.
- Labor crítica del periodismo | Umbert Eco en Chasqui.
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EzePeriodismo y Comunicación
16 de Julio de 2006 Compartilo
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