Buen Día

Iba por el sexto vaso de whisky, nada parecía saciar su sed asesina. El tiempo no era un asunto que le preocupara o en el que pudiera confiar, llevaba un par de años preguntándose qué sería lo que le daría satisfacción, el mismo tiempo que llevaba encerrado en esa habitación de marcos de ébano. No permitía que ni el más mínimo rayo de luz diurna afectara la oscuridad que lo hacía sentir a salvo. Infinitos acordes se desprendían de la guitarra, otras veces del piano. Ensayos y nuevas canciones hacían que se ausentara y se metiera en esa atmósfera inconclusa, una mezcla de concentración y placer absoluto.

Pensamientos desesperados rondaban en su cabeza, ¿cómo haría para deshacerse de ellos? ¿Cuál era el plan para dejar atrás lo pasado? El tiempo no ofreció ninguna respuesta, su mente tampoco.

Largas horas de insomnio colmaban de incertidumbre aquella vida, aquél cuerpo desvalido, lánguido, inmóvil frente a una computadora. No recordaba ni siquiera su nombre, ni dónde me vio por última vez.

De vez en cuando, recordaba con tristeza, aventuras del mundo real al que poco a poco dejaba de pertenecer. Hubo una vida antes, solía divertirse, pero ahora se conservaba siempre sereno y expectante.

Todo era como una especie de vigilia constante en la que no terminaba de despertar, no podía distinguir el comienzo y el fin de los días. Se dejaba morir. Eso era lo que me desanimaba. Ignoraba todas las cosas que hacían que su estadía en el mundo terrenal, tuviera tanto sentido.

Volver al comienzo era lo que esperaba, deshacerse de esa vida que no había deseado tener. No más sufrimiento, no más angustia encerrada en esas cuatro paredes. Pero no era posible. Su esfuerzo nunca fue suficiente, había algo en él que lo hacía volver atrás una y otra vez; una fuerza extraña que no le permitía avanzar.

Cierto día despertó de madrugada, se aventuró a salir de la habitación (las necesidades fisiológicas lo requerían), mientras cruzaba el living que permanecía todavía en penumbras, advirtió que la casa estaba deshabitada, nadie más que él respiraba en ese espacio.

Envuelto en una sensación extraña intentó despejarse, eran las 4.30 de un miércoles, en ese mismo momento una decisión precipitada asaltó su cabeza, si, acabar con todo su pasado, huir hacia un nuevo destino, este era el momento exacto.

Deambuló como una sombra hasta la habitación, tomó el bolso, algunos libros, la botella de whisky que escondía bajo la cama y esa guitarra que nunca terminó de acondicionar también formaba parte del equipaje.

Sin pensarlo un segundo y poseído por una gran fuerza que lo obligaba a moverse, tomó unas herramientas y trabajó durante unas horas, los marcos de ébano también viajarían a su lado, sólo él sabía para que le servirían en un futuro.

Una vez terminado el trabajo, buscó ese recipiente que su padre guardaba en el fondo del jardín, sí el que guardaba combustible en su interior, ése mismo. Supuso que la cantidad sería suficiente.

Entró en la casa, una corriente de aire cálido cerró la puerta de una manera muy brusca, y allí estaba él, echándole el último vistazo a aquel montón de muebles y fotos que pronto desaparecerían para siempre.

Ni un segundo más de nostalgia. Con cuidado, se encargó de esparcir el combustible por cada rincón. Comenzó por la cocina y terminó en su cuarto, donde permaneció un largo tiempo, no podía evitar que algún recuerdo se filtrara en su memoria; sin embargo, fue aquí donde tomó más fuerza, se acercó hacia la puerta de salida sabiendo que el final llegaría en el momento en que él lo decidiera, ahora volvía a tener el poder.

Deslizó su mano hacia el bolsillo derecho, luego hacia el izquierdo y allí estaban los fósforos, esperando para ser utilizados.

En un acto apresurado y sin ningún otro preámbulo, prendió el fósforo, lo arrojó hacia el centro de la sala de estar y se dirigió hacia la puerta viendo cómo el fuego adquiría rápidamente una furia descontrolada y se metía por cada rincón.

Corrió unos metros por la vereda de enfrente e interrumpió su camino para contemplar cómo ese lugar que había habitado por tanto tiempo, lentamente era devorado por el fuego. Ya no habría rastro de lo que alguna vez fue, gran parte de su vida era ahora cenizas.

Siguió su viaje intentando no mirar atrás ni una sola vez más, tomó la diagonal que desembocaba en la estación de trenes, ésa que tantas veces había recorrido y que sólo le traía malos recuerdos. Pero esta vez era la última y él estaba muy seguro de eso.

El reloj de la estación, el de los números en rojo, marcaba las 15.15 y el tren rápido estaba a punto de salir. Compró el boleto hacia alguna parte y se embarcó, ese tren lo alejaría de aquella ciudad.

Mientras viajaba decidió algo importante, de ahora en más no sería quien hasta ese momento era, se convertiría en una nueva persona otro destino le esperaba, otro nombre, otra ciudad, una vida diferente. Seria como renacer en ese mismo cuerpo ahora liberado.

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ppCapital Cultural
16 de Enero de 2006 Compartilo


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3 Comentarios Dejá el tuyo

  • 1. Ezequiel  |  17/01/2006 a las 12:28 am

    ¡Muy bueno! La verdad, me encantó.

    Quién, en algún momento, no deseó hacer lo mismo que el personaje. Por cierto: ¿tiene nombre este señor? ¿por qué deseaba tanto llevarse los marcos de ébano, eran suyos, le recordaban a su madre? ¿esa casa era de su familia? ¿qué carajo hacia frente a la computadora, chateaba?
    Tengo mil preguntas más :P

    Recuerdo que un amigo, no hace mucho tiempo y con un par de copas demás, me dijo: “lo genial de arribar a un nuevo lugar en el mundo es el poder reinventarse a uno mismo“. Doy fe de que es posible (por experiencia propia), aunque siento que uno nunca pierde la escencia (llamenla espiritual si quieren) que lo hace ser quien es.

    No sé si es porque te conozco o porque te quiero, pero opino que deberías escribir más (seguido). Al fin y al cabo, ésta resulta ser la droga más excelsa: más aún, viniendo de los dedos de una amiga.

    Saludos, un beso y felicitaciones.

  • 2. CRirchu  |  17/01/2006 a las 12:40 pm

    No me dí cuenta de quién era la que escribía hasta que leí el Post de Eze.

    Tengo en mi cabeza navegando las mismas o más preguntas que las que él tiene en la suya…

    Espero que podamos seguir leyendo más cosas como estas…

    Saludos amiga despinada.
    Besos!
    Muy bueno y FELICITACIONES!
    CRis.

  • 3. Malpede Nicolás  |  17/01/2006 a las 8:26 pm

    Muy buen texto. Realmente me identifiqué en gran medida con el protagonista. Fue una lectura placentera y muy intensa, y eso me sucede cuando lo que leo me resulta atractivo. Felicitaciones y siento gran intriga por saber cuál fue -si es que la hubo- la fuente de inspiración para escribir tan bello cuento.

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