No sos lo mejor que me pasó

nodalahoraMientras pago el boleto, repaso mentalmente si traje algún material para leer en el camino de 20 minutos hasta casa. Me cuesta concentrarme, porque el viaje en colectivo es uno de los placeres que me regala la vida, especialmente cuando llueve o hace mucho frío. El grito de la conciencia me vuelve rápidamente a la fotocopia, después de unos minutos tratando de adivinar la vida de la mujer que subió con un rostro agotado y se sentó a mi lado, o el destino de aquella que no pudo seguir con nosotros por diez centavos.

Cuando ingreso a mi hogar, veo la televisión encendida en el momento de la peor droga: Los Simpson. Vengo de cursar ocho horas, pienso, como justificando mi hipnótica acción. Claro que difícilmente disfrute de las burlonas representaciones homerísticas de la idiotez yanqui. El peso de los exámenes próximos no se bajó de mis espaldas cuando solté el bolso sobre la silla.

Ceno e inmediatamente me propongo sentarme a estudiar. A las dos páginas, mis ojos lloran de agotamiento. El reloj no perdona. Ya es casi medianoche. Y mañana, suspiro, hay que levantarse cinco y media. ¿Preparo mate y sigo? ¿O me acuesto un rato? Una vez en la cama el techo me llama la atención por mi cómoda posición. Me dice: ¿Por qué tan tranquila? ¿Ya hiciste el práctico que tenés que entregar mañana? Me siento en la cama de un salto. No, por supuesto que no lo hice. Ni siquiera leí las fotocopias…

A las cinco y media suena irónicamente el despertador. Lo miro con lastimosa petición… Cinco minutitos más, por favor. Pero no contesta, sino que sigue sonando.

Sé que tengo que levantarme a estudiar, porque a las ocho hay que ir a trabajar. Hoy salgo a las 12, ¿no? Entonces, entre las doce y las tres, horario en que entro a cursar, puedo hacer el práctico.

En la cocina de casa es difícil estudiar. Siempre hay gente entrando y saliendo, charlando o pasando simplemente. Por eso la madrugada es el mejor horario. Preparo el mate, por supuesto. La bombilla me da unos buenos días amargos y sin permiso. Me siento y leo, leo a contra reloj, porque sé que son 25 copias y tengo que terminarlas para las siete. ¿Voy entendiendo algo? No, no creo. Hace meses que no entiendo lo que leo. Solo sé que leo, porque después tengo que escribir, escribir, algo tengo que escribir.

En el trabajo tampoco hay mucho tiempo para procesar, porque allí, justamente trabajo. La mañana fue agotadora. Muchas notas y muchos temas que preparar, para el programa de la tarde. A las doce y cuarto salgo de la radio. Ya perdí quince minutos… ¿Dónde los perdí? Llego a casa y paso como un bólido a la computadora. Escribo, escribo, escribo. Dos páginas eran ¿No? Claro, dos. ¿Qué decía el autor sobre esto? En alguna parte estaba, yo sé que lo ví.

Imprimo y salgo con el práctico calentito bajo el brazo. Empiezo a pedalear con todas mis fuerzas, pero me doy cuenta de que las piernas no responden con todas las ganas que deberían. Así que, lentamente, sigo camino, y aprovecho a mirar los colores lindos del otoño.
Cuando llego a la Facultad, me siento en el aula y la mañana agitada se me viene encima. Alguien habla sobre la investigación y cosas por el estilo. ¡Qué linda la investigación! Pienso yo. Eso quiero hacer algún día. Los ojos se cierran con la modorra siestina. ¿Preparo mate? Dale, dice la rubia, que esta igual o peor que yo. Sé que sin opciones, tengo que estar en esa aula hasta las nueve de la noche. Afuera se levanta viento. Solo puedo imaginar lo difícil que va a estar la vuelta en bici, con viento, frío y subida. El anuncio del parcial para dentro de quince días me baja de mis sufrimientos futuros. ¿Cómo parcial? ¿Si yo todavía no leí nada del material? Pero la profesora quiere llegar con el programa, porque sino nos queda la materia a la mitad.

A las nueve salimos arrastrándonos por esos pasillos helados. Yo todavía sufro anticipadamente la pedaleada que me espera. Y al llegar a casa… otra vez la misma historia.

Cuando era chica y soñaba con mi futuro, me relamía pensando en el día en que estuviera en la Universidad, estudiando lo que tanto quería. Hoy estoy viviendo mi futuro. Y cuando quiera darme cuenta será mi pasado, y no lo habré disfrutado.

Mi vida y la de tantos se ha convertido en una carrera contra reloj, en la que no pueden existir tiempos muertos, ni mates en la plaza ni obras de teatro, ni techos sin reproches.

¿Dejar materias? No, ni pensarlo, mis viejos me están bancando, porque con mi sueldo apenas me alcanza para fotocopias. No puedo vivir de prestado más de la cuenta, porque a ellos tampoco les sobra. Tengo que terminar mi carrera a tiempo, porque claro, mi hermano deja el secundario en dos años y se quiere ir a estudiar afuera. Y a él también hay que bancarlo. Yo, para ese entonces tengo que tener mi título y mi sueldo de hambre para sostener mi propia miseria.

¿Y el trabajo? ¿Por qué no dejar el trabajo, si de todas formas el sueldo no es tan bueno? No, menos que menos. Me da experiencia, plata para fotocopias, que probablemente no llegue a leer, contactos… Y decir que no a un trabajo en Argentina, me da culpa. Yo tuve suerte de que me llamaran sin pedirlo. Mirá cuantos hay que pasan meses sin conseguir nada.

escribir-teEl sistema le ha quitado implacablemente el potencial de disfrute a sus víctimas. Claro que hay una salida. Pero hoy parece que el sistema siempre gana. Si quiero distraerme lo hago con cosas que el sistema prepara para eso. Si quiero estudiar lo hago en sus tiempos y con sus lógicas. Si simplemente no hago nada, también utilizo las culpas que él ha preparado para mi conciencia. No pregunten cómo, pero a pesar de estas certezas, tengo la impresión de que en lo más profundo de mi ser está la ruptura. Y esta visión de mi vida es un principio. Es comenzar a decirle a ese Gran Hermano, hey! No sos lo mejor que me pasó.

Y puedo ganarte, porque se que te desespera que no me apure, que no siga tus reglas. Y ganarte no es adelantarme o alcanzarte, ni siquiera es imitarte, sino simple y terriblemente, frenar, saborear, detenerme y eliminar los relojes. Ganarte fue escribir esto.

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VanesaVida Cotidiana
9 de Julio de 2006 Compartilo


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2 Comentarios Dejá el tuyo

  • 1. naty  |  15/07/2006 a las 12:47 am

    vane el artículo esta buenísimo!!! y por desgracia es la cruda realidad la que describis. que podemos hacer nosotros?? paremos el tiempo y disfrutemos de la vida, que aun somos jóvenes y no nos vamos a dar cuenta cuando ya no podamos disfrutar mas!! ¿unos mates?

  • 2. clarissa  |  29/09/2006 a las 9:30 am

    Sera nomás que el sistema también impone espacios y distancias porque las reuniones son peligrosas. haber si todavía además de darnos cuenta de todo, al compartir encontramos un hueco para salirnos! Que bueno poder conocer a una compañera por lo que escribe, en realidad solo porque escribis bien Vanesa.
    No es facil transmitir todo eso y lograr ritmo e imagenes inteRiores. felicitaciones.

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